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Los cambios históricos y educativos de los últimos tiempos y especialmente de este siglo, entre los cuales se pueden destacar: los avances en la ciencia y la tecnología, los avances en psicología, la pedagogía y ciencias sociales; las legislaciones educativas de los diferentes países, la renovación suscitada por el Concilio Vaticano II y el reto de la cultura actual nos han llevado a un redescubrimiento y valoración de la pedagogía Bethlemita y a una nueva expresión de los siguientes principios de nuestra educación:

 

  1. El misterio de la Santísima Trinidad revela la dimensión comunitaria del ser humano: personas iguales en la diversidad que construyen unidad. Este principio es la base de la fraternidad que se vive en las Instituciones Bethlemitas.
  2. Jesús en Belén y en la Cruz, contemplado por el Santo Hermano Pedro de San José Betancur y la Beata Madre María Encarnación Rosal, compromete a la Comunidad Educativa a ser presencia de Dios Amor, Misericordia y Servicio.
  3. María, “Nuestra Señora de Belén”, anima la tarea evangelizadora en las Instituciones Bethlemitas.
  4. La pastoral educativa, se dinamiza en la relación: Ciencia-Cultura-Evangelio. Así, la Educación Bethlemita ilumina desde la fe las diferentes disciplinas del saber para un proyecto de mujer nueva, creadora de una sociedad justa y fraterna.
  5. La educación Bethlemita se fundamenta en la antropología cristiana que concibe a la persona como “ser único e irrepetible”, con conciencia de que ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, libre, responsable, autónoma como ser “en relación”; es decir, fraterna y solidaria, en apertura a los otros como sus hermanos y al mundo que le ha sido entregado para su perfeccionamiento.
  6. La educación Bethlemita fortalece el sentido eclesial en los miembros de la Comunidad Educativa para que asuman compromisos concretos de servicio a los hermanos y vivan coherentemente su fe en el hogar y en la sociedad.
  7. La Educación Bethlemita forma integralmente a las niñas y jóvenes mediante un proceso dinámico y coherente, que desarrolla todas sus potencialidades a nivel personal, social y trascendente.
  8. En la Educación Bethlemita, la proyección a la comunidad se fundamenta en acciones que fortalecen la solidaridad, la equidad, la justicia y la sensibilidad hacia las personas más necesitadas.
  9. la educación ciudadana, fundamentada en el respeto y amor a la persona y en el conocimiento, defensa y promoción de los derechos humanos, compromete a todos los miembros de la comunidad educativa en la formación de ciudadanos honestos, justos, democráticos, constructores de paz y solidarios.
  10.  La Educación Bethlemita forma para la excelencia académica: por lo tanto, su currículo favorece el uso adecuado de la razón y la inteligencia; el recto juicio, el conocimiento, el rigor conceptual, la investigación y creación artística, como también la interacción entre teoría y práctica.
  11.  La Educación Bethlemita forma para una nueva cultura global que privilegia el cuidado y la defensa de la vida en todas sus manifestaciones, la dignidad e igualdad de las personas, el respeto y valoración por la diversidad cultural de los pueblos, la identidad local, nacional y planetaria.
  12. La cultura institucional Bethlemita se fortalece por la participación libre, autónoma, reflexiva, crítica y democrática; la idoneidad ética y moral; la calidad humana, espiritual y profesional; el sentido de pertenencia y la interacción entre los diferentes miembros de la comunidad educativa.
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